21 JUNIO. DÍA DE LA EDUCACIÓN NO SEXISTA

Reivindicamos hoy, el Día de la Educación No Sexista, el derecho a una enseñanza democrática, inclusiva y libre de estereotipos o sesgos de género. Como Espacio Feminista de USTEA queremos reafirmar nuestro compromiso con la defensa de la educación no sexista exponiendo datos actuales a nivel mundial y ante todo denunciando la situación de las niñas y mujeres en Afganistán.

Por increíble que parezca, la pregunta ¿Sigue la educación en pleno siglo XXI siendo sexista?, es más pertinente que nunca; a los hechos nos remitimos:

  • Dos tercios de la población femenina mundial no está escolarizada, hecho que sienta la base para que más de 1000 millones de mujeres en el mundo no tengan acceso a un trabajo digno viéndose seriamente amenazada su independencia económica.
  • Aunque se está avanzando, el legítimo papel que la mujer ha tenido en la historia y la cultura sigue siendo ignorado, denostado e infrarrepresentado en los libros en general y en los libros de texto en particular.
  • Diversos organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) advierten que los estereotipos de género continúan limitando las trayectorias educativas y profesionales de niñas y mujeres, especialmente en áreas científicas, tecnológicas y de liderazgo.
  • ONU Mujeres alerta sobre el impacto de la violencia y la discriminación de género en los espacios educativos, afectando el bienestar, la permanencia y el desarrollo integral de estudiantes y trabajadoras de la educación.
  • Inadmisiblemente, Afganistán se ha convertido en el único país del mundo donde se prohíbe estrictamente la educación secundaria y superior para niñas y mujeres. En 2021 los talibanes prohibieron a las niñas mayores de 12 años acudir a la escuela secundaria, en 2022 prohibieron a las mujeres asistir a la universidad. La población femenina lleva cinco años sin poder acceder a la educación secundaria y cuatro años sin poder acceder a la universidad, lo que representa una violación explícita de los derechos humanos y una clara vulneración de la libertad de la mujer que no podemos permitir.
  • 1,4 millones de mujeres afganas (UNESCO) han sido deliberadamente excluidas del sistema educativo y las que persisten en acceder a la educación se juegan la vida en ello. Profesoras, madres y alumnas arriesgan literalmente sus vidas asistiendo furtivamente a escuelas clandestinas en un país que desde 2021 ha dictado 120 leyes en contra de las mujeres: desde permitir atrocidades tales como legalizar el matrimonio con niñas de 7 años hasta cercenar claramente todo tipo de libertades. Si eres mujer en Afganistán no puedes mostrar tu rostro, no puedes mirar directamente a los hombres a los ojos ni mirar por las ventanas que están siendo tapiadas, no puedes salir a la calle libremente, no puedes estudiar ni trabajar y tampoco puedes expresarte libremente en público ni participar en la sociedad o la política.
  • El 80% de las mujeres ha sido expulsada del mercado laboral y han visto limitado su acceso a la atención sanitaria, con consecuencias nefastas para su salud, derechos sexuales y reproductivos. Dado que sólo pueden ser atendidas por doctoras (carrera que tienen prohibido estudiar), existe un riesgo real de que se produzcan muertes evitables. La protección jurídica para las mujeres brilla por su ausencia en un país que está normalizando la violencia de género y donde existe un aumento significativo de la violencia conyugal e intrafamiliar. Este entorno asfixiante está repercutiendo en la salud mental de mujeres y niñas, con alertas generalizadas de depresión y suicidio sobre todo en la población adolescente.

Estos hechos constituyen una forma de represión brutal, cruel e inhumana que no solo supone un arcaísmo en pleno siglo XXI sino también un retroceso espeluznante e inadmisible en tema de igualdad y derechos humanos.

Hacemos un llamamiento urgente a la acción interpelando a la comunidad internacional y solicitando a las autoridades de facto que se respeten y restablezcan los derechos humanos inmediatamente, atajando de raíz expresiones de desigualdades estructurales que requieren respuestas institucionales claras e inmediatas.

Como organización sindical, abogamos por el poder transformador de la educación no sexista, cimiento sobre el cual se edifica una sociedad justa donde las desigualdades de género no tengan cabida. Nos reafirmamos en la convicción de que el sistema educativo es el motor más potente para el cambio social y la construcción de un mundo verdaderamente igualitario. La escuela no solo transmite conocimientos, sino que ejercita el pensamiento crítico, educa en valores y fortalece las estructuras de nuestra sociedad.

El cambio empieza en las aulas, pero su impacto redefine el futuro de toda la humanidad, porque la educación no sexista es una herramienta de justicia social.

Andalucía, 21 de junio de 2026

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