5 de noviembre. Día Internacional contra la Violencia y el Acoso en la Escuela, incluido el Ciberacoso.

Educar para convivir, reparar para transformar

Con motivo del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso en la Escuela, incluido el Ciberacoso, desde el Espacio Feminista de USTEA y la Organización de Mujeres de la Confederación Intersindical queremos hablar de una realidad que conocemos bien porque forma parte de la vida de nuestros centros. Como docentes, como mujeres y como parte de la comunidad educativa, nos preocupa cualquier forma de violencia que convierta la escuela en un lugar en el que alguien pueda sentir miedo, humillación o soledad.

Cuando hablamos de violencia en la escuela pensamos con frecuencia en el acoso entre iguales, pero sabemos que la realidad es más amplia. La vemos en los insultos, las burlas, las amenazas, la exclusión o la discriminación; entre el alumnado, pero también hacia el profesorado, el personal no docente o en las relaciones con las familias. Y sabemos también que estas situaciones no terminan necesariamente cuando suena el timbre: las redes sociales pueden hacer que la violencia continúe fuera de las aulas y entre incluso en los hogares.

Como feministas, sabemos además que estas violencias no aparecen al margen de la sociedad en la que vivimos. El machismo, la LGTBIfobia, el racismo, el capacitismo y otras discriminaciones también atraviesan la vida de los centros. Las relaciones de poder, los estereotipos y los mandatos de género están presentes en nuestra forma de relacionarnos y pueden estar detrás de situaciones de exclusión, control, humillación o acoso.

Nos preocupa especialmente lo que sucede en los espacios digitales. Compartir una imagen sin consentimiento, controlar a la pareja a través del móvil, hacer comentarios sobre el cuerpo de una compañera, sexualizarla o utilizar las redes para ridiculizar a alguien no son bromas sin importancia. Son conductas sobre las que tenemos que educar y actuar.

No queremos una escuela que responda a la violencia únicamente con castigos. Esto no significa mirar hacia otro lado ni restar importancia al daño. Cuando alguien sufre una agresión, la primera responsabilidad es proteger a esa persona, detener esa violencia y garantizar su seguridad.

Pero educar también significa ir más allá.

Creemos que quien causa un daño debe entender lo que ha hecho, asumir las consecuencias de sus actos y aprender a relacionarse de otra manera. Por eso defendemos una cultura restaurativa, en la que la responsabilidad y la reparación tengan más peso que el castigo por sí solo.

La reparación no puede, en ningún caso, convertirse en una nueva carga para la víctima. Debe servir para responsabilizar a quien causó el daño y para preguntarnos también qué podemos cambiar como comunidad para evitar que vuelva a producirse.

Quienes trabajamos en la educación sabemos que la convivencia no se construye con un protocolo guardado en un cajón. Se construye cada día: en el aula, en el patio, en los pasillos, en las reuniones con las familias y también en los grupos de WhatsApp y en las redes sociales.

Por eso defendemos la coeducación como una herramienta imprescindible para prevenir las violencias. Tenemos que enseñar a expresar los conflictos sin agredir, a respetar los límites, a escuchar, a pedir ayuda y a reconocer cuándo hacemos daño.

Pero también tenemos que cuestionar los modelos que siguen enseñando a los chicos que ser fuerte significa dominar, no mostrar vulnerabilidad o imponerse, y a las chicas que deben agradar, ceder o hacerse responsables del bienestar de las demás personas.

Queremos educar en el consentimiento, en el respeto al propio cuerpo y al de las demás personas, en la diversidad, en las relaciones afectivas igualitarias y en los cuidados. Unos cuidados que deben ser responsabilidad de todas y todos y no una tarea que vuelva a recaer sobre las mujeres.

No podemos pedir a los centros que afronten todo esto sin medios. Necesitamos tiempo, formación, personal y recursos para trabajar la prevención, la coeducación, el acompañamiento y las prácticas restaurativas. Y necesitamos que las administraciones educativas asuman la responsabilidad que les corresponde.

También queremos hablar de quienes educamos. No podemos normalizar los insultos, las amenazas, el desprecio o las agresiones contra el profesorado y el resto del personal de los centros. Cuidar la escuela significa también cuidar a las personas que trabajamos en ella.

Necesitamos igualmente a las familias y, por supuesto, al alumnado. Queremos que las alumnas y alumnos sepan pedir ayuda cuando una persona está sufriendo. Que no compartir una humillación, no reír una burla o ponerse al lado de quien está siendo excluida o excluido también es tomar posición.

Desde el Espacio Feminista de USTEA y la Organización de Mujeres de la Confederación Intersindical queremos una escuela que no eduque desde el miedo, sino desde la responsabilidad. Que no enseñe a callar ante la violencia, sino a reconocerla y afrontarla. Y que entienda que educar para la paz es también educar en la igualdad, en los cuidados y en el respeto hacia las demás personas.

Por eso, en este día queremos hacer un llamamiento a toda la comunidad educativa. Al alumnado, para que no mire hacia otro lado cuando una compañera o un compañero está sufriendo. A las familias, para que eduquen en el respeto y acompañen desde la escucha. Al profesorado y al resto del personal de los centros, para que sigamos construyendo espacios de confianza en los que sea posible hablar, pedir ayuda y reparar. Y a las administraciones educativas, para que dejen de tratar la convivencia como una responsabilidad que los centros deben resolver solos y pongan los recursos necesarios para trabajarla de manera real y continuada.

No callemos ante una agresión. No normalicemos la humillación, el control o el desprecio. No dejemos sola a la persona que sufre. Atrevámonos también a revisar nuestras propias conductas, a cuestionar las relaciones de poder y a educar para resolver los conflictos sin violencia.

Porque la convivencia no es algo que venga dado. La construimos entre todas y todos, cada día.

Espacio Feminista de USTEA
Organización de Mujeres de la Confederación Intersindical

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